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sábado, 22 de julio de 2017

Un estudio indica de cómo no afecta la menstruación a la capacidad cognitiva de las mujeres

 La experta en medicina reproductiva suiza lideró una investigación para determinar si el ciclo menstrual influye en la memoria, la fluidez verbal y la capacidad de prestar atención.

Los resultados de un estudio indagó en diferentes mitos con respecto a la menstruación.

El estudio indagó en diferentes mitos con respecto a la menstruación Brigitte Leeners es una respetada especialista en medicina reproductiva y psicoterapeuta del Hospital Universitario de Zúrich.

Cada semana, en su consultorio, había una frase que escuchaba, casi como un mito urbano, hasta el hartazgo.

Mujeres de todas las edades aseguraban que tenían la "impresión de que el ciclo menstrual influía en su bienestar y desempeño cognitivo".

Cansada de oír esta frase, realizó una investigación previa para encontrar algún estudio que ahondara en el tema, pero no tuvo suerte.

Entonces, junto a un grupo de investigadores, analizó las funciones cognitivas de un grupo de mujeres de Hannover (Alemania) y Zúrich (Suiza), durante dos ciclos menstruales, con cuatro pruebas por ciclo, para determinar si se producen alteraciones durante las épocas en que los niveles hormonales de las mujeres cambian, tanto los estrógenos como la progesterona.

La función cognitiva de las mujeres no depende de los cambios hormonales.

La función cognitiva de las mujeres no depende de los cambios hormonales Analizaron los resultados y observaron que estos cambios hormonales no tenían ningún impacto en la "memoria de trabajo" memoria a corto plazo necesaria para realizar tareas y procesar información, en la fluidez verbal, en los sesgos cognitivos o en la capacidad de prestar atención a dos cosas a la vez.

"Las mujeres están actualmente representadas en los estudios y la ciencia está solo empezando a abordar correctamente las diferencias entre hombres y mujeres", explicó Leeners, en el estudio publicado en Frontiers in Behavioral Neuroscience.

La especialista aseguró que no existen cambios en la capacidad cognitiva de las mujeres.

El objetivo principal era buscar cambios en las mujeres y entre las mujeres medibles en los dos ciclos, pero no encontraron ninguno.

"La función cognitiva de las mujeres no depende de los cambios hormonales. 

Estos no muestran ninguna asociación con el desempeño.

Aunque puede haber excepciones individuales, el desempeño cognitivo de las mujeres en general no se altera por los cambios hormonales que ocurren con el ciclo menstrual", finalizó Leeners.
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lunes, 4 de abril de 2016

Científicos de Harvard afirman la falta de agua puede provocar diabetes, colesterol alto, problemas digestivos y fatiga

El agua te aporta nutrientes y hormonas, regula tu temperatura y lubrica tus ojos y articulaciones.

Seguramente has escuchado alguna vez que la mayor parte de tu cuerpo es agua. 

En efecto, estamos hechos por cerca de un 60% de agua: tres cuartos de nuestro cerebro y nuestro corazón, el 83% de nuestros pulmones y el 31% de nuestros huesos son agua. Pero no toda esa agua permanece en nuestro cuerpo. 

Mucha desaparece a través de la orina, el sudor e incluso cuando respiramos. Día Mundial del Agua: 10 fotos impactantes que muestran la crisis del agua en los rincones más críticos del mundo. 

Por eso, beber suficiente agua cada día es, sin lugar a dudas, una cuestión fundamental. Pero, ¿qué sucede en nuestro interior cuando no lo hacemos?. 

El "centro de la sed" 

"El agua, como solvente universal, aporta nutrientes y hormonas al cuerpo, regula la temperatura corporal, y lubrica nuestros ojos y articulaciones", explican Mitchell Moffit y Greggory Brown, de AsapScience. 

Cuando estamos deshidratados, nuestro cerebro envía una señal para lograr retener el agua en nuestro cuerpo por más tiempo. 

Sin agua, perdemos energía, nuestra piel se seca y hasta nos ponemos de mal humor. 

¿Qué le pasa al cuerpo cuando dejas de comer azúcar por un mes? 

Y como explica la educadora Mia Nacamulli, en una nueva animación para TED-Ed, cuando tu cuerpo se deshidrata, los receptores sensoriales (terminaciones nerviosas) del hipotálamo del cebrebro  ''que se encuentran en lo que los científicos llaman el "centro de la sed" (OCPTL)'' envían señales para la liberación de una hormona antidiurética. 

Esta hormona llega hasta los riñones y provoca acuaporinas, unas proteínas de las membranas de las células que pueden transportar moléculas de agua, permitiendo que la sangre retenga más agua en tu cuerpo. 

Y, cuando esto sucede, la orina se vuelve más oscura y tiene un olor más fuerte. 

También sentiremos, durante ese proceso de deshidratación, que tenemos menos ganas de orinar y que segregamos menos saliva. 

Y es probable que nos sintamos mareados porque, mientras tanto, nuestro cerebro está tratando de adaptarse a la falta de su líquido esencial.

Mecanismos de adaptación
 
Un cerebro deshidratado se contrae por la falta de agua, y debe trabajar más duro para lograr lo mismo que un cerebro que tenga suficiente agua. 

La falta de agua puede provocar diabetes, colesterol alto, problemas digestivos y fatiga, entre otros trastornos.

Además, activa una serie de mecanismos de adaptación para lograr seguir activo a pesar de la falta del líquido.


Este proceso, sin embargo, apenas puede durar unos días: si dejas de beber agua por completo, tu cuerpo comenzará a experimentar efectos más serios y, al final, dejará de funcionar por completo.

Dejar de beber agua durante días, provoca una (deshidratación crónica) y puede dar lugar a otros trastornos, como diabetes, colesterol alto, problemas de piel y digestivos, fatiga y estreñimiento. 

El tiempo de supervivencia varía, según, cada persona, entre tres y cinco días, aunque se han reportado casos de personas que lograron sobrevivir por más tiempo. 

¿Cuántos vasos de agua al día? 

Los expertos recomiendan agregar limón o lima a quienes no les guste el agua, antes que tomar bebidas azucaradas. 

La cantidad de agua que debemos beber depende del organismo de cada persona y del entorno pero, según, Nacamulli, lo más recomendable es que los hombres tomen entre 2,5 y 3,7 litros, y las mujeres, de 2 a 2,7 litros. 

¿Realmente tomar 8 vasos de agua al día es bueno para la piel?
 
Pero también es importante no sobrepasar la cantidad necesaria: beber demasiada agua puede implicar riesgos para la salud, advierten los expertos. 

Investigadores del Harvard Medical School (HHS), la escuela de medicina de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, revelaron en 2015 que la cantidad recomendable varía entre cuatro y seis vasos al día, en lugar de ocho, como se creía hasta entonces. 

Sin embargo, según los científicos de Harvard, es imposible hacer una recomendación que sirva para todo el mundo: depende de la dieta, el clima y el nivel de actividad física. 

Las mujeres embarazadas o las madres lactantes, las personas que realizan más actividad física, quienes viven en un clima cálido o aquellos que están enfermos deberían, según el informe, beber más agua. 

Y, si eres de los que no les gusta el agua, puedes tomarla de otra forma: frutas y verduras como el melón o el pepino tienen grandes cantidades de agua. 

Otra opción, según, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, en inglés) es agregar una rodaja de lima o limón aportarle darle algo de sabor. 

Pero, en cualquier caso, advierten los médicos, "elige tomar agua en lugar de bebidas azucaradas".

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viernes, 20 de julio de 2012

La actitud positiva es la clave para enfrentar la menopausia

Si bien el climaterio es un proceso natural en la vida de toda mujer, muchas suelen vivirlo con angustia. 

El cuidado de los huesos, los cambios en la sexualidad, la nutrición y todo lo que hay que tener en cuenta en esta etapa, en un fórum para mujeres que se realizará en Buenos Aires

El próximo 11 de agosto, en el Centro Cultural General San Martín, desde las 9 hasta las 19, con entrada libre y gratuita, se realizará el Primer Fórum Mujer y Menopausia “ella y el abanico”, un evento dedicado a informar sobre este momento de la mujer que no es una enfermedad sino un proceso vital de la vida.

La jornada contará con exposiciones de especialistas destacadas y la posibilidad de preguntar, compartir e informarse, sin mitos ni tabúes, y con buenos consejos para vivir mejor.

La jornada, que requiere inscripción previa online en el blog del evento tendrá charlas informativas sobre diferentes temas de interés como: climaterio, osteoporosis, sexualidad en la menopausia, salud emocional, nutrición y trabajo. Además se realizarán talleres participativos de cine y asesoría de imagen.

Este evento dedicado a la mujer y la menopausia, que se realizará por primera vez en la Argentina, fue un éxito en España, donde ya reunió a más de mil mujeres.

La menopausia no es una enfermedad. Una actitud positiva es fundamental para transitar por esta etapa de las mujeres y vivirla plenamente a partir de la independencia, la experiencia y la sabiduría propias de la madurez.

La edad normal de menopausia se considera entre los 45 y 55 años. Por debajo de los 40 años se considera menopausia precoz y por encima de los 55 años se conoce como menopausia tardía.

Entendemos por menopausia el cese definitivo de la regla, y es el periodo en el que termina la fase reproductiva de la mujer. Los ovarios cesan su actividad y dejan de producir estrógenos por lo que la regla desaparece.

Se considera que una mujer está menopáusica cuando lleva un año sin regla o bien mediante una analítica hormonal, su médico se lo diagnostica. 

Es pues, un proceso natural en la vida de la mujer y como todo proceso tiene un abanico de síntomas muy diferentes e individuales cuya duración y severidad son también muy variables.

Mientras que algunas mujeres ni siquiera acusan estos cambios, en otras son difíciles y pueden producir intensos problemas físicos o emocionales. Fuente: Saludable
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miércoles, 22 de diciembre de 2010

¿Por qué el calor nos pone de mal humor?

Las altas temperaturas no sólo traen aparejadas la deshidratación y el cansancio.

El malestar anímico y la angustia son otros de sus efectos. Un especialista explicó la causa.

Los fenómenos climáticos extremos tales como el aumento continuado de la temperatura influyen de manera general a todas las personas y nos remiten a contactarnos con nuestras limitaciones como seres vivos.

Recordemos que la vida y sobre todo la vida humana sólo es posible en las condiciones ambientales y de temperatura sumamente acotadas que se dan específicamente en nuestro planeta y en ningún otro lugar hasta ahora conocido.

Cuando nos exponemos a la alta temperatura quienes no estamos acostumbrados, además de los efectos físicos y biológicos que ya todos conocemos tales como deshidratación, falta de fuerza, pesadez, agobio, etcétera, entran también en juego mecanismos psicológicos.

Desde las estructuras más antiguas de nuestro psiquismo el calor extremo es vivido como una situación de alarma y una amenaza a nuestra integridad, algo semejante en menor grado a la asfixia; casualmente ese sentimiento de alarma es ni más ni menos lo que en la Psicología se denomina como angustia.

Algunos seres vivos, como los reptiles, no poseen la cualidad de regular su propia temperatura. Se denominan poiquilotermos, ya que deben pasar el día buscando lugares más calidos o más frescos con el peligro de perder su equilibrio vital.

En cambio, los mamíferos, entre ellos el hombre, poseen la cualidad de regular la temperatura de manera automática. Somos homeotermos, la regulamos por un interjuego de factores ligados a la propia fisiología tales como la frecuencia cardiaca y la dilatación o constricción de los vasos periféricos, entre otros.

Los cambios bruscos de temperatura se registran entonces en el hombre como situaciones de alarma (tal vez en alguna época de su evolución puedan haber sido situaciones ciertamente graves), a la vez generadoras de angustia.

Esta angustia frente a los cambiosclimáticos bruscos producirá a la vez la puesta en marcha de los mecanismos de defensas más regresivos, tales como sensaciones de incomodidad, de aversión, aumento de los aspectos agresivos y del estado de alerta.

Este último incidirá, a la vez, de manera directa en la posibilidad de descansar adecuadamente.

Se suma además la respuesta a la angustia propia de cada individuo teniendo en cuenta que, al fin y al cabo, uno hace lo que puede con su angustia, o al menos hace lo que en otras oportunidades le resultó efectivo.

Algunos hasta llegarán a vivir con agrado el calor o los cambios extremos de temperatura al estar asociados con situaciones anteriores placenteras. Siempre esta el que dice: “¡A mí el calor es lo que más me gusta!”

El calor extremo produce alteraciones directas en la capacidad de descanso por factores físicos y biológicos, al actuar sobre los mecanismos metabólicos.

Influye de manera directa sobre la función enzimática, haciendo más lentos algunos procesos tales como la digestión y acelerando otros como la transpiración.

El aumento de la transpiración se da de narices con el buen descanso, ya que hace necesaria la hidratación, que requerirá de la ingesta de líquidos a cada rato interrumpiendo el sueño.

Se suman a estos aspectos biológicos los psicológicos ligados a la angustia que mencionamos, siendo ésta uno de los peores enemigos del sueño.

La preparación de las personas frente a los cambios bruscos del tiempo, si bien es propia para cada individuo, está ligada a aspectos culturales del clima regional.

El calor en las provincias del norte de la República Argentina que poseen características subtropicales es vivido con menos angustia y con costumbres que muestran un acercamiento “inteligente” al fenómeno climático.

Un ejemplo claro es el ligado a los horarios laborales, bancarios y de actividad económica.

En estas provincias se adecuan a los horarios más frescos las actividades comercial y financiera, las cuales comienzan a muy temprana hora de la mañana, terminan antes del mediodía y continúan a última hora de la tarde.

Esta adecuación expone menos a las personas al tedio de las altas temperaturas, conservando a la vez un estado de ánimo más jovial y menos ligado a la alarma.

En nuestra capital y la provincia de Buenos Aires, en cambio, los tan alabados cuatro climas exponen a los porteños y bonaerenses a una especie de “inocencia climática” desde la cual todo nos toma por sorpresa.

Año a año, son inevitables nuestros comentarios: “¡Qué calor!”, “¡Parece mentira!” La cultura climática porteña consiste en un sentimiento azorado de estar frente a un hecho insólito e inesperado… que haga calor.

Desde este lugar pensamos el clima, desde una concepción cultural en la que todo lo que climáticamente pasa nos toma por sorpresa dejándonos sin defensa alguna frente a un hecho siempre inesperado: el calor.

El calor nos toma por sorpresa y sin preparativo alguno. Nos exigimos seguir con nuestras actividades como si nada hubiera ocurrido. Desde una perspectiva psicológica, podemos pensar que lo negamos.

Si intentamos entonces desde esta posición seguir adelante con la vida como si nada, nuestra omnipotencia se echara por tierra y caeremos en la mencionada angustia.

No podemos exigirnos ni exigirle a los demás las mismas tareas y obligaciones que en otras condiciones, no podemos vestirnos como en otras condiciones climáticas.

Frente al calor es necesaria la comprensión de cada uno y de los demás en términos de lo que se exige y de lo que se necesita.

Necesitamos de mayores cuidados, tomar con conciencia la importancia de hidratarnos, y ordenar nuestras actividades en lo posible en los horarios más benignos del día.

También pensar a conciencia nuestros momentos de esparcimiento, sabiendo que aquellas salidas que en invierno o primavera pueden ser placenteras, en verano pueden ser un verdadero infierno.

Además, hay que tener muy en cuenta que el calor existe también para aquellas personas que están a nuestro cargo, como los ancianos, los niños, y que estos necesitan especiales cuidados en su indumentaria, su hidratación y sus actividades, sin exponerlos innecesariamente al transporte público o a situaciones innecesarias de espera.

Postergar en lo posible los viajes y movimientos que no sean estrictamente necesarios, sobre todo en el ámbito de la ciudad.

Estar atentos a nuestra alimentación, no caer en excesos siendo que el calor endentece el proceso digestivo. Si hace calor, el alcohol en algún momento podrá atenuar la angustia, pero se desaconseja de plano su ingesta.

No es momento para el asado, las grasas y las comilonas; sí lo es para las frutas, los vegetas y, sobre todo, para el agua.

Pero, como siempre, en las cuestiones de salud la mejor solución es la prevención, es decir, sepamos que en el centro y norte de nuestra querida Argentina durante el verano siempre hubo y hay períodos de intenso calor.

Basados en su ejemplo, adecuemos nuestra existencia a esa realidad, tengamos al calor en cuenta y permitámonos vivir en él sin “inocencia climática”. Fuente: Saludable
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martes, 6 de abril de 2010

“Vemos cada vez más pacientes alérgicos muestrando cuadros más complicados”

El número de personas con alergia va en aumento: según estimaciones, para el 2015 más de la mitad de la población la padecerá.

Según un reciente congreso internacional, será la epidemia no infecciosa del siglo XXI. ¿Cómo se relaciona este fenómeno con el clima?

Con los cambios de clima y los primeros fríos floreció la alergia, adelantándose al otoño.

“Las alergias no están determinadas por el mes del calendario, sino por el cambio estacional. Si se adelantó, la alergia se adelantó. Suelen agudizarse en otoño y primavera, pero ahora las vemos con anticipación en verano: el cambio brusco de temperatura hace que tengamos más pacientes que lo habitual”, señaló el Dr. Gustavo Marino, jefe del Servicio de Alergia e Inmunología del Hospital Universitario Austral (HUA).

Alrededor de 1/3 de la población padece alergia.

Congestión en la nariz y en los ojos, tos y estornudos son algunas de las manifestaciones de este problema que afecta a 1/3 de la población mundial y que alcanzaría al 50 – 60% en el 2015.

“Vemos cada vez más pacientes alérgicos y cuadros más complicados”, observó el Dr. Ricardo Zwiener, colega del Dr. Marino en el Austral.

“Percibimos más cuadros de anafilaxia: una reacción alérgica desmedida y sistemática que pone en riesgo al paciente. Comienza con ronchas o picazón y sigue con dificultad para respirar o desmayos. Es importante concurrir inmediatamente a una guardia si sucede”, ilustró el Dr. Marino.

El clima tendría parte de la culpa de este fenómeno. Los climas tropicales tienden a expandirse y, con ellos, la vegetación, los microorganismos… y los alergenos, sustancias como el polen o los ácaros que desencadenan la alergia.

Este fue uno de los temas centrales del Congreso Anual de la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología (AAAAI), uno de los más importantes de la especialidad, que se realizó hace unos días en Nueva Orleáns, Estados Unidos.

Ambos profesionales del HUA participaron del encuentro. “Se habló de cómo el aumento de la temperatura y los cambios en los patrones de las lluvias modifican la calidad del aire y, por esto, los aéroalergenos, fundamentalmente el polen, con temporadas de polinización más largas”, explicó el Dr. Zwiener.

Agregó que esto, sumado a la presencia de contaminantes ambientales, sobre todo de dióxido de carbono, resultan en más casos de rinitis, conjuntivitis y asma.

Esto sucede ya que tanto los alergenos como la polución inflaman y dañan las vías aéreas respiratorias, causando un aumento de la prevalencia y severidad de las enfermedades anteriores.

“Este cambio climático del que somos testigos es un problema real que genera cada vez más pacientes alérgicos en la población general, con un importante impacto en la calidad de vida. Una de las conclusiones del Congreso es que la alergia comenzó a considerarse la epidemia no infecciosa del siglo XXI”, sintetizó el Dr. Zwiener.

La humedad en la mira

En las últimas semanas, los cambios bruscos de temperatura agravaron los casos de alergia. Por un lado, la repentina llegada del frío “causa más episodios de rinitis y asma”, contó el Dr. Marino.

Por otro lado, explicó que en marzo es normal que aumente el número de pacientes con alergia a los ácaros, unos insectos microscópicos, porque crece su cantidad en el ambiente debido a la humedad otoñal y a que las casas comienzan a ventilarse menos y a cerrarse más.

“Vemos cómo muchos chicos, que hasta los 7 años tienen alergia casi exclusivamente a los ácaros, mejoran en enero y febrero, y empeoran en marzo”, dijo el experto. La humedad ambiental estimula la reproducción de los hongos y de los ácaros, cuyo cuerpo está constituido por un 90% de agua.

De hecho, un estudio realizado hace algunos años por el Dr. Marino y un equipo de médicos del HUA demostró que en Mendoza, donde el clima es seco, no hay contaminación de ácaros, mientras que sí se observa en Posadas, donde el ambiente es húmedo y caluroso.

Muchos de los alergenos provienen de las plantas, con lo cual en un clima como el misionero, donde la vegetación es abundante, la cantidad de alergenos en el aire será mayor.

En el hogar, una solución práctica que dan los especialistas para eliminar la humedad y los ácaros es prender el aire acondicionado cuando la persona con alergia esté fuera de la casa, porque en exceso puede secar las mucosas y empeorar el cuadro alérgico.

Los doctores advierten que, más allá de que haya épocas del año en las cuales fluctúa la cantidad de casos, “la alergia nunca se toma vacaciones”: “Es importante analizar el ataque, diferenciar un cuadro de alergia banal de otro que requiera atención médica, y tratarlo”.

Factores meteorológicos y alergia*

Viento
Levanta polvillo y arrastra pólenes y hongos, lo cual aumenta las reacciones alérgicas. El polen que transporta afecta la nariz, los ojos y los pulmones. Las personas que padecen rinitis o “fiebre del heno” –reacción alérgica al polen– son las que más sufren cuando el clima es seco y ventoso.

Lluvia
La lluvia fuerte puede calmar a algunos alérgicos porque reduce el polen en el aire. Por otra parte, la humedad dispara el crecimiento del pasto y la maleza, lo cual se traduce en un posterior aumento del polen. Un otoño lluvioso puede resultar en una primavera con más recuento de polen en el aire.

Smog
Se ha demostrado que la polución ambiental empeora los cuadros alérgicos y el asma. Investigaciones recientes revelaron, además, que el ozono puede causar una inflamación crónica en las vías respiratorias de los asmáticos.

Los efectos de la polución no se perciben sino hasta uno o dos días después. Algunos científicos piensan que exponerse a los gases del escape de diesel puede aumentar la sensibilidad de una persona hacia el polen o los ácaros.

Frío
Los primeros días de frío pueden traer problemas a algunas personas con asma o eczema. Un descenso brusco de la temperatura puede provocar ataques de asma, mientas que el clima frío y seco suele empeorar el eczema atópico (dermatitis atópica). Temperaturas cambiantes también pueden causar urticaria.

Por otra parte, una helada a fines de un invierno templado reduce la producción de polen de los árboles.

Calor
Un invierno templado puede provocar un adelantamiento de la polinización de las plantas y, por ende, de las alergias. El clima cálido de la primavera también incrementa el polen en el aire.

Además, si en el invierno no hace mucho frío, las personas alérgicas al moho sufrirán más de su condición: la combinación de temperaturas templadas más lluvia aumentan el número de esporas de moho en el aire. Finalmente, un aumento brusco de la temperatura suele ser causa de ataques de asma. Fuente: www.weather.com
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martes, 18 de agosto de 2009

La cantante Beyonce luce un rostro outfit con la alta humedad de Manhattan

La cantante Beyonce lució un outfit a lunares que tuvo simpatizantes y detractores.

Sin embargo, lo más polémico fue el pelo de la estrella, algo estropeado por la humedad.

La cantante Beyonce no se mostró demasiado glamorosa durante su paseo por las calles del barrio Soho neoyorquino.

Si bien el mono que eligió es una de las últimas tendencias, el problema que tuvo la estrella fue el pelo, indomable frente a las altísima humedad de Manhattan.

La intérprete salió de su casa para encontrarse con su marido Jay Z en el bar Pitti sin una gota de maquillaje, con los rulos al viento y un incontrolable flequillo sobre su frente.

Beyonce se adaptó al último grito de la moda con un “mono” negro a lunares blancos, un cinto retro de Channel, altísimas plataformas y una cartera color violeta.
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